“Un dios salvaje” de Yasmina Reza
Para los incondicionales de Yasmina Reza (“Art” y “Tres versiones de la vida”) la autora ha vuelto a dar en el clavo. Para los más críticos, la obra puede sonar un poco repetida con un formato similar -muy pocos actores con pocos o ningún cambios en el escenario y obra de corta duración- siguiendo en su género de “comedia psicológica con fondo crítico”.
Al principio, parece que la obra va a ser aburrida pero, a medida que actores y público se van metiendo en ella, va ganando interés y, a diferencia de lo que ocurrió con “Tres versiones de la vida”, en esta ocasión hay actores de buen nivel en el escenario.
La excusa de la obra es una pelea de dos niños donde uno de ellos sale malparado pero, con esa excusa, la autora trata de mostrar las distintas formas de ver la vida de los personajes y cómo estas formas van saliendo a relucir a medida que la discusión se va volviendo más tensa.
De los cuatro personajes, hay dos espléndidamente dibujados que son los que corresponden a Aitana Sánchez-Gijón y a Pere Ponce. El de Antonio Molero y, especialmente, el de Maribel Verdú quedan más desdibujados.
Aitana corresponde al perfil de la persona que, desde una presunta superioridad moral, trata de organizar la vida de los demás indicándoles qué es lo que se debe hacer y qué es lo que no y, sobre todo, sin ninguna duda sobre tal superioridad a pesar de que su conducta a lo largo del desarrollo la desmiente. El personaje delata que la autora, Yasmina Reza, ha tenido algún contacto con el submundo psicoanalítico ya que los tipos de análisis, si tal pueden llamarse, tienen mucho parecido con los comentarios que pueden escucharse tras una reunión informal de psicoanalistas.
El personaje de Pere Ponce, marido de Maribel Verdú en la obra, es su contrapunto en todos los terrenos. Abogado materialista sin escrúpulos y que cree en la ley de la selva como el modo mejor de funcionar. Se pasa la obra pegado a un teléfono donde trata de quitarse de encima toda la responsabilidad en que se haya podido incurrir por efectos secundarios de un medicamento.
Antonio Molero, marido de Aitana en la obra, adopta el papel del hombre sometido a esa autoproclamada superioridad de su mujer y, ocasionalmente, con algún punto de rebeldía que queda un tanto fuera de contexto.
En cuanto a Maribel Verdú, es la más difícil de catalogar. Al principio, se presenta como perteneciente a la especie de profesionales cotizados pero con reacciones de “señora de”, harta de su particular “ejecutivo agresivo” y puede decirse que su personaje da muchos más bandazos que los otros tres, especialmente los dos primeros.
Como conclusión, vale la pena, especialmente para aquéllos que hayan visto obras anteriores de la autora y les hayan gustado. La trama tiene puntos de contacto con ellas y los actores no decepcionan.



