“Rhythm of the Dance”
El espectáculo vale la pena. Ellos mismos dan algunas muestras aqui: http://www.rhythmofthedance.com/video.htm pero hay dos formas de ver el espectáculo: En términos absolutos y en términos relativos.
Para todo el que le guste la música irlandesa acompañada de su característica danza, el espectáculo vale la pena. Sin embargo, si se tiene como marco de referencia a la compañía de Bill Whelan con sus espectáculos Riverdance y The Spirit of the Dance, creo que salen perdiendo en la comparación.
The Spirit of the Dance era un recorrido histórico por la danza al que acompañaban algunas voces más que notables y la calidad de la coreografía era excepcional. En Rhythm of the Dance las voces de dos de los tres tenores no tienen el nivel que se esperaría en un espectáculo de este tipo. Por añadidura han intentado destacar al más vistoso, una especie de reproducción de JFK en su aspecto físico, que no era ni mucho menos el que mejor voz tenía y sus intervenciones no han quedado integradas con la coreografía sino que han quedado como una especie de “morcillas vocales” desconectadas del conjunto.
En cuanto a los bailarines, en particular la pareja de primeros bailarines, parece que en este espectáculo se ha primado la presencia, claramente superior a los de la compañía de Whelan, pero no su calidad técnica en la que la situación se invierte.
En resumen, vale la pena verlo pero no resisten la comparación de su más directa competencia.
“Good” con Vigo Mortenssen
La película recuerda punto por punto a la espléndida Lacombe Lucien de Louis Malle aunque queda como una copia descolorida de ésta.
La interpretación de Mortenssen es correcta y muestra cómo alguien puede verse arrastrado, más por omisión que por acción, a cometer las mayores salvajadas. Partiendo de la posición de un oscuro profesor de universidad, acaba teniendo una prominente posición en las SS y supervisando el funcionamiento de campos de concentración.
Los puntos de paso en la película son representados por medio de una especie de alucinación musical cuya función no queda demasiado explícita en el guión.
Vale la pena verla pero no está entre las mejores y, si alguien quiere ver su antecesora Lacombe Lucien, hará bien aunque será difícil de encontrar porque es una pieza antigua de cinéfilo.
El desafío Frost contra Nixon (Frost.Nixon)
Un tanto insulsa.
Frost es un periodista británico que no tiene en absoluto un perfil político sino que es un presentador de programas tanto en su país como en Australia y al que, de repente, se le ocurre la idea de que podía estar bien entrevistar a Nixon tras su dimisión por el caso Watergate.
El personaje está bien escogido ya que exhibe una cara de pánfilo que hace difícil pensar en él como un inquisidor capaz de sonsacar a Nixon. Para hacer una comparación con personajes actuales, sería como si Ane Igartiburu fuera a entrevistar a Felipe González con la esperanza de que le contase algo nuevo sobre el GAL.
En las primeras entrevistas, un Nixon que no se parece a Nixon va manejando la situación a su antojo hasta que llega la última. En ésta, repentinamente y sin que haya una clara explicación, Nixon arroja la toalla y le confiesa a Frost su culpabilidad y el hecho de haber decepcionado a los americanos.
No sé hasta qué punto la película ha adornado la realidad pero lo cierto es que recordaba mucho a la historia que contaba Miguel Gila sobre cómo había hecho confesar a Jack el Destripador utilizando métodos psicológicos y diciendo cuando pasaba a su lado “Alguien ha matado a alguien”…hasta que Jack el Destripador no pudo resistir la presión y confesó.
Hacía poco que había visto “La sombra del poder” y confiaba en que fuera algo de ese nivel. Tal vez por eso, la decepción ha sido aún mayor.
“La sombra del poder” (Traducción de “State of Play”)
Probablemente de las mejores películas que pueden verse en el género del thriller periodístico y, en términos absolutos, una de las mejores que pueden verse en este momento.
Russell Crowe borda un papel que tiene un registro muy distinto de los habituales en él, si bien es cierto que ya había hecho escapadas como la de Un buen año que le muestran como un actor camaleónico. En ese terreno, sólo Robert de Niro le resistiría la comparación. Los incondicionales de Crowe teníamos claro antes de esta película que era uno de los grandes monstruos de la interpretación; si a alguien le cabía alguna duda, con La sombra del poder tiene la oportunidad perfecta para despejarla.
La trama es compleja pero puede seguirse bien y resulta sólidamente construida; sólo aparece un punto débil muy al final de la película donde la justificación queda algo en entredicho pero puede considerarse un asunto menor.
El guión no es lineal sino que, en distintos momentos de la película, la hipótesis que se va construyendo queda totalmente desbaratada, cosa que no a todo el que lo intenta le sale bien porque suelen salir inconsistencias que hacen perder el interés. No es el caso; la película mantiene el interés desde el primer hasta el último minuto a pesar de ser relativamente larga.
La coincidencia de guión complejo pero bien hecho y actor protagonista magistral no suele darse. En este caso sí y, por ello, es de las películas a no perderse.
The visitor
Película interesante que, a lo largo de su desarrollo puede llegar a recordar en muchos momentos a la maravillosa “Crash” aunque tiene un final un tanto decepcionante en todos los terrenos.
Richard Jenkins reproduce con singular maestría el personaje gris, con una vida sin sentido y convertido en un burócrata sin alma que, de repente, encuentra una situación que comienza a darle significado a su vida.
Por cuestiones que no contaré para no reventar la película a quien quiera verla -opción que no desaconsejaré aunque el final me dejase algo frío- se ve implicado con los problemas de la inmigración ilegal y su reacción es de una generosidad que parece borrar al personaje anterior. Va descubriendo cosas de sí mismo que no conocía y la película muestra ese proceso de despertar.
No sé si es una película en la que habría encajado un final feliz típico. Sin duda, no lo es si la intención del director era denunciar los abusos que pueden darse en algunas prácticas relacionadas con la inmigración ilegal pero, al hacer eso, ha aparecido un efecto secundario y es que acaba pareciendo que el despertar a la vida de Walter Vale (Richard Jenkins) fue en realidad un espejismo. No creo que pretendieran esto último pero es lo que aparece cuando huyen de un final feliz que, con la trama de la película, habría sido muy fácil.
“The Reader”
Una de las múltiples metáforas utilizadas en español para señalar algo como inútil consiste en decir que algo es “tan inútil como un Ferrari en Tenerife”.
Tenerife, para quien no la conozca, es una isla no excesivamente grande donde, a pesar de ello, se encuentra la montaña más alta de España con algo más de 3.700 metros sobre el nivel del mar. Este dato puede servir como indicación acerca de cómo son las carreteras en Tenerife, con la única excepción de la autopista que circunvala la isla, y de ahí el dicho relativo al Ferrari.
En The Reader tenemos también “un Ferrari en Tenerife”. El “Ferrari” se llama Kate Winslet y resulta demasiada actriz para tan poco guión. En honor a la verdad, la película entretiene pero, sobre todo al final, es cuando aparece la auténtica debilidad del guión. Kate Winslet borda un papel que, sin embargo, está incluido en un guión un tanto absurdo.
Hacia la mitad de la película, el personaje de Winslet nos aparece como alguien con un pasado nazi y, a pesar de ello, tiene un secreto mucho mayor que ese pasado. El secreto lo es hasta tal punto que es capaz de aceptar una condena muy superior a la que podría haber conseguido en el caso de revelar el terrible secreto de que…no sabía leer y, por tanto, la acusación de que era la autora de un documento condenatorio carecía de cualquier base, a pesar de lo cual ella confiesa la autoría en lugar de mostrar que era imposible.
La relación entre los dos protagonistas está bien tratada y la película tiene claros detalles de calidad pero, al mismo tiempo, tiene una base tan poco creíble que resulta estúpida: La base de que alguien acepte un montón de años de cárcel que no le corresponderían antes que confesar que no sabía leer, hecho que habría resultado su principal baza exculpatoria.
“Australia”
Película extraña que da la sensación de haberse construido con una superposición de cortos sin más nexo común que la presencia de sus protagonistas. Dicho esto, merece la pena verla aunque sólo sea por la espectacularidad de la fotografía y, precisamente por esa espectacularidad, si se puede, mejor verla en una versión de calidad -no de las clandestinas con videocámaras en el cine- y en una pantalla grande.
Como ocurre con las películas de algunos otros directores, se echa de menos la presencia de un guionista en lugar de que el director haga de hombre-orquesta y distintos momentos van recordando a otras películas tan distintas que puede dar una idea del guión-pastiche que han llegado a organizar:
El transporte de ganado y los paisajes asociados recuerdan mucho a Brokeback Mountain e incluso a El señor de los anillos, las escenas de guerra parecen sacadas de Pearl Harbour (también se aprecian ahí algunos paralelismos de Nicole Kidman con Kate Beckinsale aunque, personalmente, me quedo con la inglesa), hay otros momentos de la película que pueden recordar mucho a Memorias de África, tanto por el entorno como por el tipo de relación entre los protagonistas…
No puede decirse que sea un guión logrado, precisamente por esa sensación de guiones yuxtapuestos, y a pesar de ello la película no aburre y se aguantan perfectamente sus 3 horas de regalo para la vista en todos los sentidos y para todas las preferencias.
Aunque, como decía antes, prefiera a la Kate Beckinsale de Pearl Harbour, Nicole Kidman hace gala una vez más de esa belleza casi transparente que siempre la ha caracterizado y Hugh Jackman, según las malas lenguas, ha destronado a George Clooney.
“Revolutionary Road”
Desde “Titanic”, ésta es la primera vez que se vuelven a encontrar en la pantalla Leonardo di Caprio y Kate Winslet y el resultado es magnífico.
Leonardo di Caprio es, probablemente, uno de los mejores actores del momento y cualquiera que se haga la idea de “niño mono” se está equivocando de extremo a extremo; ya ha tenido ocasión de demostrar su gran calidad como actor en varias películas posteriores a “Titanic”.
A Kate Winslet no le había seguido la pista y, tal vez por ello, me ha resultado una sorpresa en “Revolutionary Road”. Es una actriz de una calidad tal que, en buena parte de la película, es capaz de comerse a todo un Di Caprio y el uso que hace de la expresividad en pantalla, sin sobreactuación alguna, es algo excepcional.
Por cierto, no quisiera que se me escapase un personaje secundario en la película -el loco- que, con una intervención corta pero magistral, es el único que consigue percibir con claridad qué es lo que está pasando.
El guión de la película muestra una relación que es totalmente distinta de la que se pudo ver en “Titanic” y, claramente, ninguno de los dos se ha quedado pegado al guión anterior: Una pareja con una vida normal donde, al parecer, ambos eran en un principio bastante soñadores pero sólo ella ha permanecido con sus sueños vivos, lo que causa algunos problemas en la pareja. En un momento, parece que consigue despertar de nuevo los sueños de él pero ese despertar se muestra como un espejismo en el momento en que se producen condiciones que invitan a volver a la rutina en unas condiciones algo mejoradas.
Ese hecho deteriora la relación entre los dos hasta un nivel mucho mayor que el precedente y, para no reventar la película, sólo diré que no tiene un final feliz.
Absolutamente recomendable.
“Red de mentiras” de Ridley Scott
Los nombres de Di Caprio y Russell Crowe prometían. Quien hubiera caído en el error de considerar al primero un niño bonito ha tenido ya varias ocasiones de comprobar su error en El aviador, Diamante de sangre, Infiltrados…y las que puedan venir.
De Russell Crowe poco se puede decir. Un actor que es capaz de brillar en personajes tan diferentes como el de Master and Commander y el de Un buen año (que, en realidad, debió traducirse como “Una buena añada”) es difícil de encasillar salvo en la categoría de los monstruos de la pantalla.
Russell Crowe borda su papel aunque, en honor a la verdad, se le podría considerar casi un secundario de superlujo y hay un tercero en discordia, Mark Strong, que no se queda a la zaga de los dos monstruos.
La película es de trama muy compleja. Sería difícil que fuera de otra forma una película que ha hecho una coctelera de tramas de espionaje y de la realidad del terrorismo islamista de Oriente Medio. Por eso, no es de las películas para sentarse en un sillón y disfrutarla sino que exige mantener la atención en todo momento para no perder claves que, más adelante, nos permitan seguir sin perder el hilo.
El título es adecuado; se trata de un conjunto de mentiras anidadas con distintos protagonistas y la interacción entre ellas dibuja escenarios que no parecen inverosímiles.
Conclusión: Vale la pena verla si no se va con la idea de tumbarse en el sillón y relajarse. A los admiradores de Crowe nos habría gustado que tuviera más ocasión de lucirse. Di Caprio, en su línea, recordaba a sus papeles en Infiltrados y Diamante de sangre.
“Un dios salvaje” de Yasmina Reza
Para los incondicionales de Yasmina Reza (“Art” y “Tres versiones de la vida”) la autora ha vuelto a dar en el clavo. Para los más críticos, la obra puede sonar un poco repetida con un formato similar -muy pocos actores con pocos o ningún cambios en el escenario y obra de corta duración- siguiendo en su género de “comedia psicológica con fondo crítico”.
Al principio, parece que la obra va a ser aburrida pero, a medida que actores y público se van metiendo en ella, va ganando interés y, a diferencia de lo que ocurrió con “Tres versiones de la vida”, en esta ocasión hay actores de buen nivel en el escenario.
La excusa de la obra es una pelea de dos niños donde uno de ellos sale malparado pero, con esa excusa, la autora trata de mostrar las distintas formas de ver la vida de los personajes y cómo estas formas van saliendo a relucir a medida que la discusión se va volviendo más tensa.
De los cuatro personajes, hay dos espléndidamente dibujados que son los que corresponden a Aitana Sánchez-Gijón y a Pere Ponce. El de Antonio Molero y, especialmente, el de Maribel Verdú quedan más desdibujados.
Aitana corresponde al perfil de la persona que, desde una presunta superioridad moral, trata de organizar la vida de los demás indicándoles qué es lo que se debe hacer y qué es lo que no y, sobre todo, sin ninguna duda sobre tal superioridad a pesar de que su conducta a lo largo del desarrollo la desmiente. El personaje delata que la autora, Yasmina Reza, ha tenido algún contacto con el submundo psicoanalítico ya que los tipos de análisis, si tal pueden llamarse, tienen mucho parecido con los comentarios que pueden escucharse tras una reunión informal de psicoanalistas.
El personaje de Pere Ponce, marido de Maribel Verdú en la obra, es su contrapunto en todos los terrenos. Abogado materialista sin escrúpulos y que cree en la ley de la selva como el modo mejor de funcionar. Se pasa la obra pegado a un teléfono donde trata de quitarse de encima toda la responsabilidad en que se haya podido incurrir por efectos secundarios de un medicamento.
Antonio Molero, marido de Aitana en la obra, adopta el papel del hombre sometido a esa autoproclamada superioridad de su mujer y, ocasionalmente, con algún punto de rebeldía que queda un tanto fuera de contexto.
En cuanto a Maribel Verdú, es la más difícil de catalogar. Al principio, se presenta como perteneciente a la especie de profesionales cotizados pero con reacciones de “señora de”, harta de su particular “ejecutivo agresivo” y puede decirse que su personaje da muchos más bandazos que los otros tres, especialmente los dos primeros.
Como conclusión, vale la pena, especialmente para aquéllos que hayan visto obras anteriores de la autora y les hayan gustado. La trama tiene puntos de contacto con ellas y los actores no decepcionan.



