Una de memoria histórica: Sindicatos y nazismo
Hoy mismo acaba de salir una noticia vergonzosa que, unida a las muchas otras que se vienen produciendo, muestra que no es una anécdota sino toda una categoría: http://www.larazon.es/noticia/3261-el-sindi-banquero-de-los-181-000-euros
Los sindicatos de mayor tamaño se han convertido en una especie de F.P. de la política donde mucha gente va a hacer una carrera excelentemente retribuida mientras se mantiene un discurso ya añejo sobre una defensa de derechos que no ejercen…y ahí está el problema:
Los sindicatos hoy no representan a nadie salvo a sí mismos y sus intereses corporativos y de sus dirigentes. Si alguien tenía alguna duda, la noticia de que alguien sentado en el Consejo de Administración de una Caja de Ahorros exige al Gobernador del Banco de España que se vaya a su “puta casa” deja clara la catadura de este personal.
El descrédito de los sindicatos, ganado a pulso durante años, tiene un enorme peligro y sus efectos potenciales se han conocido hace ya bastantes años en la llegada del nazismo. La “memoria histórica progresista” trata de hacer ver que el nazismo es la consecuencia lógica de una política de derechas llevada a sus extremos. Para ello, no ha dudado en “olvidar” cosas como la alianza Hitler-Stalin y los muchos puntos de contacto que se daban en la forma de actuación de ambos asesinos. Sin embargo, esa historia falseada que predomina en algunos ámbitos también está olvidando algo más y que tiene mucho que ver con los sindicatos:
Después de la I Guerra Mundial, Alemania caería en una situación económica en la que los billetes no valían siquiera el papel en el que estaban impresos; el desempleo llegó a unos niveles inadmisibles sin que existieran unos mecanismos de protección como los que hoy estamos agotando a cada día que pasa. Mientras tanto ¿qué hacían los sindicatos alemanes? Proteger la posición de los trabajadores, cada vez más escasos, que estaban en grandes empresas. No se puede negar que ese aspecto de la situación se parece bastante a lo que estamos viviendo ahora.
Hitler no llegó de la mano de los grandes potentados sino como consecuencia de una fractura que se produjo entre la clase trabajadora: Los que tenían puestos seguros, bien pagados y con buenas condiciones frente a los que estaban desempleados y no tenían para comer. Esa fractura llegó como consecuencia de una actuación de los sindicatos alemanes de entonces muy parecida a la de los españoles de ahora.
El riesgo de fractura existe hoy en España. No se les puede hablar a los más de cinco millones de desempleados de “derechos de los trabajadores” sin que pregunten “¿Qué pasa con los míos?” y, al mismo tiempo estén viendo la orgía de robo y corrupción en que están enfangados los grandes sindicatos.
Los sucesivos Gobiernos, sean de izquierda o de derecha, han permitido una situación que podían haber cortado cuando hubieran querido: No han querido sacar adelante una ley de huelga, prevista en la Constitución, permitiendo que tomasen la calle a su antojo cuando les pareciese; les han tapado la boca con cantidades ingentes de dinero, sea mediante subvención directa o mediante los llamados cursos de formación que, en muchos casos, ni siquiera se hacían pero se cobraban. Han colocado a los dirigentes sindicales en Consejos de Administración y, por si algo faltaba, les han regalado una representatividad de la que carecen mediante el concepto legal de ”sindicatos más representativos”: Éste permite a los mayoritarios negociar incluso en sectores donde su representación es minoritaria, por ejemplo, la Administración Pública.
Por ese camino no es extraño el nivel de descrédito actual de los sindicatos; incluso parece poco para el que debería tener y eso tiene un enorme riesgo que sólo puede eliminarse mediante la liquidación de las actuales estructuras sindicales y partiendo de cero: Nuevas normas, nuevas organizaciones y nuevas gentes.
La historia está condenada a repetirse si no se recogen sus lecciones y la llegada del nazismo ofrece muchas, ésta entre otras, que han sido sistemáticamente ignoradas. La fractura entre trabajadores sobreprotegidos y desempleados que se produjo en Alemania condujo a una situación explosiva y Hitler sólo representó la cerilla que la hizo explotar.
Para que eso no ocurra, los sindicatos tienen un papel vital…pero no éstos.
Uno de los nuestros
SPANAIR: Cuando el nacionalismo catalán quiso volverse transoceánico
Entre las muchas cosas tristes que tuvo el accidente del 20 de agosto de 2008 está que pudo decirse de él que, como del cerdo, todo se aprovechó por algunos.
Desde el primer momento empezaron a producirse filtraciones interesadas destinadas a echar Spanair a los pies de los caballos…o de un comprador amigo que la pudiese conseguir al precio más bajo posible.
Spanair estaba ya en venta antes del accidente pero no a cualquier precio. De hecho, había en marcha un ERE cuyos argumentos no habría suscrito ni un estudiante de primero de Empresariales pero venía con el aval de una de las grandes firmas de consultoría que, como Zapatero antes de las elecciones de 2008, llegó a afirmar que la crisis era imprevisible y en sólo seis meses se había presentado una situación de la que no había ni indicios.
Se llegó al extremo ridículo de presentar públicamente en junio unos resultados excelentes de Spanair correspondientes al año anterior sin hacer mención de que quince días después se iba a presentar un ERE por los resultados presentes.
El accidente, por tanto, fue utilizado por los que ya querían conseguir hacerse con la compañía como una ayuda para rebajar el precio. Creo que ya no desvelo ningún secreto inconveniente si digo que la disposición a negociar por parte de los representantes del nacionalismo catalán se hizo formal con ocasión del funeral por las víctimas el 11 de septiembre en la catedral de la Almudena, fecha y situación adecuadas donde las haya para hablar de negocios por parte de algunos.
Si el accidente no les hubiera puesto a Spanair en bandeja, habrían buscado otra -probablemente Air Europa- pero, en unos tiempos en que las aerolíneas de bandera están prácticamente desaparecidas el nacionalismo catalán quería su aerolínea de bandera. La expresión ni siquiera es mía sino de ellos.
Que las filtraciones de la investigación se produjeran desde un número de fax del Ministerio en los tiempos de Magdalena Álvarez dice bastante de quién estaba detrás del asunto y a quién querían ayudar para conseguir Spanair al precio más barato posible. Para ello, durante meses se estuvo echando porquería encima de una compañía que habría tenido posibilidades de salir adelante y, misteriosamente, dejaron de salir noticias una vez que se hizo público que los nacionalistas catalanes habían conseguido su objetivo. A partir de ahí, cambio de ciclo y silencio llegando al extremo de un informe final sobre el accidente en cuyos detalles no entraré pero que ha levantado bastantes ampollas, más por lo que no dice que por lo que dice.
En el extremo del provincianismo a que hemos llegado, una capital de provincia no puede considerarse tal si no tiene un aeropuerto y una universidad; algunas regiones también se consideran de segunda clase si no tienen embajadas en el exterior y un aeropuerto intercontinental.
No digo que Barcelona y el Prat no tengan dimensión suficiente para no tener un aeropuerto intercontinental sin necesidad de enlaces en Madrid pero ésa es una decisión que corresponde a las compañías que descubran que hay un hueco de mercado a aprovechar y no a políticos que juegan con dinero ajeno.
Spanair lo tenía difícil ya en 2008 pero, una vez que cayó en las garras de políticos que se olvidaron de que era una compañía aérea y que tenía que ser gestionada como un negocio lo tuvo imposible.
Cuando algunos han levantado la voz por la propuesta de que se pida responsabilidad penal a los políticos por acciones de corrupción o de despilfarro claro, quizás casos como el de Spanair podían invitarles a pensar si hay que dejarlos pasar y si el dinero de todos no merece un mayor respeto del que ha tenido por parte de los políticos.
“El liberalismo no es pecado” de Rodríguez Braun
Para definir un libro como éste, conviene violar una de las reglas de la definición, la de definir las cosas por lo que son y no por lo que no son: Pues bien, “El liberalismo no es pecado” no es un libro que salga tratando de aprovechar la estela mediática de su autor y sin que aporte nada al debate. Si su autor se llamase Pepe Pérez en lugar de Rodríguez Braun y no fuera un habitual de los medios de comunicación, el libro seguiría siendo igualmente valioso como elemento de debate, tanto si se está de acuerdo con el 100% de sus planteamientos como si no es así o, más aún, incluso en el caso de estar en contra del 100% de sus posiciones.
Quizás haya que criticarle la lentitud para entrar en materia. No se puede ser todo para todo el mundo y Rodríguez Braun da la impresión de haber cogido de la mano a alguien que no tenía la más remota idea de economía y llevarle a terrenos cada vez más complejos hasta mostrarle en su totalidad una posición que, sin duda, podríamos definir como liberal a ultranza. Al actuar así, asume un riesgo de cara al lector: Que éste acabe pensando que se trata de un libro de introducción a los temas más básicos y no siga leyendo. Estuvo a punto de ocurrir así en mi propio caso.
Transcurridos los capítulos iniciales de travesía en el desierto, el autor comienza a desgranar argumentos que podrían enlazar perfectamente con otros textos de autores liberales como Thomas Sowell, tanto en el terreno puramente económico, “Basic Economics”, como en el social como “Race and Culture” y en el político con “The vision of the anointed”.
Para cualquier lector de Sowell, la argumentación de “El liberalismo no es pecado” en este terreno no resultará nueva y el aprecio o falta de él estará más referida a la claridad de exposición -excelente- que al núcleo del argumento que es el mismo en ambos casos.
La parte genuinamente suya y que, por sí sola, podría justificar la lectura del libro comienza cuando pasa del terreno general al particular y explica por qué se produjo la crisis de 2008, cuál ha sido el papel de los gobiernos, bajo qué tipo de falacias están operando, cuál es y cuál debe ser el papel del Estado y, en suma, dónde nos encontramos ahora y cómo y por qué hemos llegado hasta aquí.
En este último punto, se encuentra algún elemento susceptible de discusión incluso desde posiciones liberales: El autor comenta que la crisis no se produce por falta de regulación y que, de hecho, existe tal cantidad de regulaciones que no hay nadie que las conozca todas y es imposible desenvolverse en un bosque como ése. Puede aceptarse, porque es verdad, que existe una enorme cantidad de regulaciones pero eso no significa que tales regulaciones caminen en la dirección adecuada y, por ello, no puede aducirse la cantidad como prueba de que no está ahí el problema.
Un clásico como Hayek parecía, en este terreno, tener una posición menos extrema: Las regulaciones deben estar ahí para garantizar que todos están sujetos a las mismas reglas -no para tratar de orientar resultados en uno u otro sentido- y para conseguir que haya claridad en el mercado. Claridad significa que quien compra o vende sabe qué está comprando o qué está vendiendo. Si volvemos a la crisis de 2008, no podemos olvidar que muchos de los inversores en Lehmann Brothers no eran inversores que buscasen alta rentabilidad y asumiesen alto riesgo sino que buscaban inversiones seguras. Cuando los gestores de esas inversiones se encontraban con una triple A que se estuvo manteniendo casi hasta el momento mismo de la quiebra, estaban actuando correctamente de acuerdo con la información de que disponían. ¿Realmente es sostenible que las regulaciones no tienen nada que ver con los motivos de la crisis?
Cierto que no es el único -aunque no creo que pueda negarse su papel- y el autor entra a fondo en otros temas clave como, por ejemplo, las prácticas bancarias, cómo y por qué han evolucionado así esas prácticas y cómo y por qué era de todo punto previsible que una crisis como ésta estallase.
Para concluir, las partes dedicadas a las etiquetas de la onda políticamente correcta y a cómo se venden determinadas barbaridades para justificar recortes en la libertad individual me recordaron a otro libro y otro autor, “El conocimiento inútil” de Revel y la frase con que lo abre: “La primera de las grandes fuerzas que mueven el mundo es la mentira”.
En suma, muy recomendable aunque si alguien, medianamente informado, se salta los dos primeros capítulos no pasa absolutamente nada. Podrá dedicarles más tiempo y atención a los siguientes y le valdrá la pena.
Saas-Fee: Deathly trap for skiers
Saas Fee is a famous ski-station in Switzerland: A nice town where only little electric cars are allowed, surrounded by seven 4.000-meter peaks and, apparently the right place to ski. Nobody could suspect that in the heart of Switzerland a deathly danger is hidden due to negligence, greed or a mix of both.
Past December 3th, I arrived with my family to Saas Fee. The taxi driver was happy and told us that we brought the snow since that day started a heavy snowfall that should remain for several days. Ski station was immediatly opened: Snow was arriving later than expected and a sense of urgency drove them to a fast opening, even though one of the cabins and many slopes were out-of-service. To reach the beginners’ slopes it was only an available access: It was a cabin ascending from the town level -about 2.000 mts.- to the 2.900 meters level where the easiest slopes where serviceable.
After two days skying, our nightmare started on Wednesday 7th: Our 6-year old child died but I would like to show the facts: Nothing is going to return the life of my son but perhaps this warning message could avoid others getting trapped by similar facts. That is why I ask my friends to spread this message.
At 10 a.m. the kid had an individual ski-lesson programmed; it was individual only because the ski-station had been so recently opened that no groups were still available. We do not have any objection to a group of little skiers but, if so, an individual class should be supposed to be even safer. At the moment of the class, I was ready to go up but I knew that the boy would want to remain with me instead of going with the instructor becoming unmanageable. That is why I decided to wait a few minutes to go up in the next cabin instead of going with them.
The instalation has some clear shortcomings: After leaving the cabin, loading the skies, it is required to go out of the building only to access another one and, inside it, to walk with ski-boots and skies on the shoulders around 200 mts. getting finally outside. Once there, everyone had to advance a few more meters to find a wide place where to wear the skies. Not a good starting point. All of this only to go to the easiest slope available there, marked with blue color.
When I arrived outside, it was clear that an avalanche had happened at a moment that I could not determine but the path from the building to the blue slope simply had dissapeared. The absence of rescue services or machines made me think that the avalanche could have been provoked in the night and the place had to be cleaned. I heard some skiers who came in the same cabin and coming from Spain complaining about the conditions of the way. Only 4 hours after that, I would know that two friends, arrived about 30 minutes before me, found their way clean. In other words, the avalanche that I saw had not been provoked the night before but happened a few minutes ago.
It was a soft snowfall and the day was a bit foggy. Around noon, wind started to blow, not very hardly but enough to make an ugly -but apparently safe- day for skying. Since my arrival, I never saw the boy and the instructor even though not many people were at the ski-station and they were supposed to be in the only blue slope at the place. Since the day was not especially nice, I only could think at that moment that the instructor decided to go down to practice in little slopes near to the town.
When the time for the end of the class was near and we were supposed to meet at the coffee-shop in the ski-station, I phoned my wife to tell her that, instead of going up to meet me, they should remain down because the day was ugly enough not to have the boy skying with me as we made the two former days after his class. Finally, when my wife did not find them in the place we both supposed they had to be, we should get notice about the fact that an avalanche, supposedly happened at 11:45 had trapped them.
I want to emphasize the fact that it was a way, marked as a blue slope. However, it cannot be even properly considered as a slope but simply as the exit of the cabin station.
Station managers say that the avalanche happened at 11:45. Perhaps, but the plain truth is that around 10:30 another one had happened. In my opinion, that is the one that trapped them, perhaps while wearing the skies. That should explain why I did not see them in a place little enough to find each other a lot of times -as it happened the previous two days- and not very crowded,
From the point of view of survivability, that is extremely important: Nobody in the station seems to have perceived the first avalanche starting the rescue only after the second one, that is, more than an hour after.
However, if a strange miracle made the instructor and the boy to be hidden enough to not see them, a single fact remains: An avalanche happened around 10:30 and someone decided to keep way and station opened in the presence of a clear avalanche danger.
Since only one cabin was working -the one where the avalanche happened at 10:30 in the exit way- closing that way was almost equivalent to closing the station. Could this be the cause to keep it opened even with the evidence of the risk?
We cannot avoid trusting people that we do not know everytime we board a plane or a bus or a boat or visit the doctor or take the car to be repaired or…almost anything. After something like this, we cannot avoid checking every simple fact: We cannot find a single fact from our side that could be named as risky behavior. As far as we know -except in the case that the instructor could have some privileged information about the real risk or any new finding that could appear in the investigation- we cannot find either risky behavior from her part.
There is a single fact: The whole station or, at least, the specific place where even beginners were supposed to go safely, had to be closed. Who and why decided not to do it? The answer to this question is not going to return Rodrigo to us but the question itself can invite many of you to think if Saas-Fee people deserve the trust you put over their shoulders when you decide to go there. My answer is clear: I went with a 6-year child full of joy and came back with his little dead body inside a box.
Gracias, Zapatero…sin sorna ni aprecio
Posiblemente Zapatero, cuando se marche a su casa, piense que la historia lo reivindicara como el presidente de los derechos. Es muy poco probable; seguramente cualquier análisis futuro se centrará en saber cómo es posible que, a través de una serie de carambolas, alguien sin preparación ni experiencia algunas llegue a la presidencia de un país. Por añadidura, ello ocurrió sin ningún tipo de derecho dinástico y a través de mecanismos presuntamente democráticos.
Hay mucho que analizar tanto en eso como en los mecanismos por los que tanta gente negó de puertas afuera una realidad visible a todos y vendió a un insensato sectario como un visionario providencial.
Son muchos los españoles que creen que hay pocos motivos de aprecio a Zapatero y así lo han demostrado en las urnas castigando al candidato del PSOE cuya presencia en el gobierno de Zapatero inevitablemente le ha relacionado con él. Rubalcaba recibió una bofetada destinada a Zapatero y sus partidarios por acción u omisión.
A pesar de todo, queda un motivo de agradecimiento a Zapatero que, desde luego, no es el que él creería:
Su comportamiento ha puesto en evidencia a todas las instituciones imaginables, desde la Monarquía a los partidos políticos pasando por los sindicatos, el Tribunal Constitucional, la Administración de Justicia y, por supuesto, los Gobiernos tanto central como autonómicos. Ha bastado un insensato para hacer visible que la cacareada democracia española tenía los pies de barro al obligar a muchos a mostrar qué es lo que realmente llevaban dentro.
El “poder moderador” ha llegado hasta el extremo de alabar públicamente al más incompetente de los presidentes españoles desde 1977 contrastando esto con su silencio ante tantas ocasiones como ha tenido para hablar y exigir un poco de cordura. La guinda la han puesto las corruptelas que afectan ya a la familia más cercana. ¿Para qué sirve la Monarquía?
¿Qué decir del Tribunal Constitucional y su voto por ganaderías en asuntos como el Estatuto de Cataluña? Curiosa independencia la de un tribunal del que se sabe cómo va a votar simplemente conociendo qué partido ha nombrado a sus componentes. Por añadidura, se ha arrogado un papel de “Tribunal Supersupremo” y son ya bastantes las veces que un tribunal absolutamente politizado como el Constitucional ha contradicho al Tribunal Supremo que, politizado como toda la Administración de Justicia, no llega a los niveles del Constitucional en ese punto. ¿Para qué sirve el Tribunal Constitucional?
Todos sabíamos que la ley electoral es injusta pero nunca como ahora se ha alcanzado el nivel de indignación popular en relación con tal ley. Todos los presidentes anteriores habían sido rehenes de los nacionalistas pero ninguno había llegado a los extremos de Zapatero. La mera observación de que a los partidos nacionalistas, cuya conducta parasitaria ha sido más evidente que nunca, les sale un diputado mucho más barato en número de votos que a partidos nacionales menores ha sido bastante para provocar esa indignación. ¿Cuándo se cambia la ley electoral?
Si alguien tenía confianza en la Administración de Justicia, las sombras del 11M, las certezas de actuaciones como la de Garzón y las actuaciones de la Fiscalía General del Estado, entre otras, han hecho reclamar con más fuerza que nunca que los partidos saquen las manos de la Administración de Justicia y que ésta sea, como manda la Constitución, un poder independiente. No es fácil dada la cantidad de nombramientos de carácter político no sólo para los órganos de gobierno sino nombramientos de jueces a través del llamado cuarto turno. Sin embargo, si pudo cambiarse la Administración de Justicia procedente del régimen de Franco ¿por qué no se va a poder cambiar ahora?
Los gobiernos autonómicos, especial pero no exclusivamente los dirigidos por nacionalistas, se han mostrado como una casta parasitaria capaz de llevar al país en su conjunto a la ruina si no existe nadie que les pare…y Zapatero nunca ha puesto el menor interés en ello sino que los ha utilizado para conseguir apoyos a cambio de un mayor deterioro de la situación. El despilfarro producido por estas castas por sí mismas y a través de empresas públicas o de cajas de ahorros utilizadas para aparcar políticos o pagar favores es una de las razones que nos ha llevado a la situación actual.
Los sindicatos han hecho gala de un estruendoso silencio mientras el desempleo crecía hasta los niveles actuales. Unos sindicatos convertidos en ministerios paralelos y que viven de fondos públicos, gracias al favor de Zapatero, han alcanzado un nivel de descrédito inimaginable hace unos años. Los sindicatos han demostrado claramente con quién están; no están con los trabajadores y especialmente no están con los trabajadores en paro sino con un Gobierno que les ha permitido campar a sus anchas y ha permitido que la vergüenza pública de los llamados “liberados” se cuente por cientos de miles ¿Para qué sirven estos sindicatos?
Naturalmente, quien más daño ha recibido ha sido su propio partido al sustituir el concepto de izquierda por el de “progresía” a través de políticas de gestos vacías pero no inocuas consistentes en proteger a los más ruidosos olvidándose del resto. Sirva de ejemplo -sólo uno- el hecho de que las operaciones de cambio de sexo vayan a cargo de la Seguridad Social pero no las ortodoncias. A medida que la crisis ha ido profundizando, más y más gente ha empezado a ser consciente de que los “derechos” de unos son pagados por otros a costa de los propios -por ejemplo, permisividad con okupas- o a través de impuestos y se empieza a cuestionar cuáles son los derechos que realmente merecen ser financiados por todos y cuáles son y deben quedar como una declaración de intenciones que oriente las políticas, no como algo que el Estado tiene que proveer a su costa.
Mucha gente, a la vista de los resultados electorales, pensará que el partido se lo merece tanto por acción como por omisión durante la etapa zapateril; sin embargo, el resto de las instituciones mencionadas se han hecho igualmente merecedoras del descrédito y por los mismos motivos. En estos días se está hablando de la necesidad de que el PSOE cambie desde los cimientos o desaparezca. Cierto es pero la época de Zapatero ha servido para sacar a la luz que no es sólo el PSOE lo que tiene que cambiar en España desde los cimientos. Muchas más cosas, entre ellas los ejemplos citados, también.
Eso y no otra cosa será lo que le deberemos a Zapatero en el futuro: Dejar a todos en evidencia y hacer más imperiosa la exigencia de cambio.
Cuando Peter quema su principio y se suicida
Acabo de leer en Twitter que Elena Valenciano propone actuar igual en el próximo Congreso del PSOE que lo hicieron en el que llevó a Zapatero a la Secretaría General. Los resultados para el país y para el propio PSOE parecen decir a gritos que algo se hizo mal en aquella ocasión como para querer repetirlo.
El PSOE fue el primer partido que vendió en España las primarias como forma de conseguir que los dirigentes del partido no salieran a dedo. La idea no está mal, en abstracto, pero parece que no ha funcionado bien y no me refiero sólo a Zapatero:
En la primera experiencia del PSOE con unas primarias le salió el tiro por la culata a la cúpula del partido aunque fueron bastante rápidos en arreglarlo. Después de vender las primarias como mecanismo democrático e intentar utilizarlas para legitimar a Joaquín Almunia, las bases del partido, hartas del felipismo que venía de perder las elecciones tras múltiples episodios de corrupción y con un desempleo sólo comparable con el actual, decidieron votar a la otra alternativa: Borrell. Como resulta que Borrell no aceptó la idea de que Almunia siguiera controlando el partido y a él le pusieran una “oficinita del candidato”, resultó que el periódico más afín al PSOE sacó a relucir una corruptela que le afectaba directamente. Borrell dimitió y Almunia, cabeza visible de la vieja guardia del PSOE, siguió controlando el partido. Asunto resuelto pero…¿qué pasó con la democracia interna con la que se estuvieron llenando la boca?
La segunda experiencia tampoco fue buena: Aunque profetizar el pasado es fácil, somos bastantes los que habíamos notado la inepcia de Zapatero incluso antes de que llegase al poder. Los hechos han mostrado que los que desde el primer momento le vimos como un personaje sin consistencia fuimos demasiado optimistas pero ¿por qué un personaje como Zapatero llega al poder haciendo uso del mecanismo que ahora Elena Valenciano propone repetir? Por los mismos motivos que, en su momento, llegó Suárez.
La historia de Suárez y su llegada al poder tiene la particularidad de que nadie -salvo el Rey y Torcuato- querían hacerle presidente y todas las maniobras fueron encaminadas a conseguir que, en sucesivas comparaciones, Suárez fuera visto como la opción menos mala aunque no levantase ningún tipo de entusiasmo. Lo mismo ocurrió con Zapatero: Bono podía ser visto con toda justicia como un representante de la vieja escuela que ya en las anteriores primarias había tratado de defenestrar la militancia del PSOE, Rosa Díez era ya entonces más conocida por su antinacionalismo que por una proyección hacia la política nacional, lo que la alejaba de cualquier posible apoyo del PSC, cada vez más cercano al nacionalismo catalán y Zapatero…no era nadie. Una buena razón para votarlo, especialmente si alguien quiere tener a alguien con poco peso a la cabeza del PSOE, como era el caso de Maragall. Con todos esos condicionantes, Zapatero ganó por 9 exiguos votos a Bono y el resto es historia.
Si éste es el modelo que le gusta a Elena Valenciano, mejor que se lo haga mirar.
Naturalmente, un mecanismo democrático no es garantía de una elección correcta pero la prueba del nueve de la democracia interna no está en las primarias sino que viene después. El destrozo sufrido por el PSOE en las últimas elecciones no se ha producido porque Zapatero fue elegido en unas primarias con unos condicionantes que hacían difícil otro resultado. El destrozo ha sucedido porque cuando Zapatero empezó a “enseñar la patita”, el partido calló o aplaudió y lo hizo durante siete años. Las corruptelas del grupo cercano a Felipe González dañaron mucho al PSOE pero, en el terreno ideológico, el PSOE se podía acercar bastante a una izquierda europea necesitada de una urgente limpieza. Zapatero y sus querencias guerracivilistas ha destrozado también eso y la pregunta pendiente de respuesta al PSOE es ¿Por qué callaron?
Supongo que Elena Valenciano será barrida en el tumulto del Congreso con lo que su nostalgia de la elección zapateril será, casi con certeza, irrelevante pero en el nuevo Congreso del PSOE alguien tendrá que explicar por qué se calló durante tanto tiempo y cuáles van a ser los mecanismos de democracia interna para impedir que eso vuelva a ocurrir de nuevo.
No hablo del PP donde, en este momento, están encantados de haberse conocido pero obviamente también hay mucho que decir sobre la democracia interna y los mecanismos internos de poder.
El día después de unas elecciones
Los vencedores echaron las campanas al vuelo como era de esperar pero hay unas cuantas cosas que, en el tumulto del día de las elecciones, pasaron relativamente desapercibidas y deben ser tenidas muy en cuenta:
- La infamia de la ley electoral: Partidos como IU y UPyD con muchos más votos que partidos nacionalistas se quedan a un tercio del número de diputados de éstos. Ayer se podía apreciar una sensibilización mayor incluso en Twitter con algo que en otras ocasiones había sido aceptado como normal. Uno de los motivos que ha conducido al desastre económico que padecemos no es económico sino político, es decir, no haber cerrado nunca el modelo de Estado y no haberles dicho a los nacionalistas “hasta aquí”. Todo nacionalismo es un cáncer y, en el caso español, hay una ley electoral que prima a los grandes partidos y a los nacionalistas, incluso aunque sean filoterroristas. Parece que ha llegado el momento de cambiar ese estado de cosas aunque, durante la campaña electoral, el futuro presidente decía que no había urgencia por cambiar la ley electoral porque era un acuerdo entre partidos. Sí la hay. No hay ninguna razón válida para que un voto valga más que otro y en estas elecciones se ha comprobado con especial claridad hasta qué punto sucede eso.
- Resultados brillantes de los ganadores pero no en todas partes: Ambos partidos mayoritarios, PP y PSOE, han estado jugando en las zonas dominadas por los nacionalismos a ser más nacionalistas que nadie. Los resultados se han podido comprobar: Ese modelo no funciona. Hace ya años, el PSOE defenestró a Redondo Terreros porque no le gustaba su proximidad a Mayor Oreja y su lejanía del PNV; hace más años, el PP hizo lo propio con Vidal-Quadras y años después lo hizo con María San Gil. Parece que en algunos sitios a PP y PSOE les ha molestado su propia identidad como partidos nacionales y han colocado a líderes de segundo nivel que, sobre todo, no denunciasen al nacionalismo. Los resultados de ayer dejan claro que no es el camino correcto y, en el caso del PP, se lleva la paradoja hasta el extremo de que un partido de implantación local pero no nacionalista, el Foro de Álvarez Cascos, es capaz de salir con un mensaje que correspondería a un partido nacional. Ahí, además, hubo otra metedura de pata del PP: Optar por dirigentes “bienmandados” en detrimento de gente con una trayectoria política establecida pero que pudieran en algún momento hacer sombra u oposición al Gran Líder. Los resultados están a la vista.
- El suelo del PSOE: Después de los últimos siete años, se podría haber esperado razonablemente que el PSOE hubiera acabado como la extinta UCD -que formó parte del libro Guinness por la pérdida de diputados de una elección a la siguiente- y que hubiera habido una desbandada total por la izquierda y por la derecha. Que en estas condiciones el PSOE obtenga casi 7 millones de votos indica que hay mucha gente que los va a votar siempre, hagan lo que hagan, y probablemente algo parecido ocurra con el PP. “Las dos Españas” existen todavía y si, en algún momento, una de ellas decidiera llevar a la otra en vagones de ganado a campos de exterminio todavía habría mucha gente que la seguiría votando. Hay una parte demasiado grande del electorado fiel a unas siglas, las que sean, hagan lo que hagan y eso no es una buena noticia en España ni en ninguna parte.
- Ausencia total de Zapatero: Que se sepa, sigue siendo el presidente del Gobierno pero ayer fue incapaz de salir un solo momento a dar la cara por un destrozo en su propio partido del que, sin duda alguna, él es el principal causante.
Queda mucho por hacer. Seguramente hoy unos seguirán celebrando su victoria y otros lamiéndose sus heridas pero no estaría de más que se tuvieran en cuenta también estos temas que, en unos casos han pasado desapercibidos y en otros requieren una atención mucha más urgente de la que se les ha concedido.
Versión libre: Existen las mentiras, las grandes mentiras y las promesas electorales
Los distintos candidatos están muy ocupados buscando recetas de “marketing vírico” de forma que puedan colocar una frase feliz capaz de cambiar el sentido del voto o del no-voto. La demagogia fácil de “los ricos”, “los tecnócratas”, “los mercados” y otras ya no son capaces de ocultar un simple hecho: Estamos en la situación que estamos porque hemos gastado lo que no teníamos y llega el momento de pagar.
Kahnemann ya nos decía que nos resulta mucho más fácil y agradable quedarnos con una historia que con datos y todos andan como locos buscando esa historia que grabar en todos los cerebros que les sea posible. Así, es fácil montar una historia en la que los derechos sociales no son objeto de recorte porque, aunque los paguen otros a través de sus impuestos y pueden tener algo que decir, esos otros son “ricos” que se han lucrado gracias a la avaricia de los mercados y ahora nos pretenden poner “tecnócratas” para evitar que cambie la situación.
La historia es bonita pero falsa: Cuando se habla de subirles impuestos a los “ricos”, suele suceder que los realmente ricos se libran gracias a mil instrumentos entre los que destacan las famosas SICAV mientras que los demás son los que pagan, a veces mediante impuestos que discriminan tan poco entre ricos y pobres como la subida del IVA -recientemente aprobada por los que ahora se nos visten de revolucionarios- y esos “demás” se preguntan por qué los derechos y los deberes están tan mal repartidos, es decir, por qué un derecho que no es susceptible de recorte para uno significa una obligación de pagar para otro que, además, puede tener muy poco de “rico”. Esta sencilla pregunta es la que le ha costado a Obama que se le revuelva parte de su electorado con asuntos como el “Obamacare”.
En cuanto a “los mercados”…¿Quién es “los mercados”? Ni más ni menos que gente que dio dinero cuando se le pidió y ahora reclama su devolución. Si ve difícil que se lo devuelvan no lo presta o lo pone más caro porque ve que hay mayor riesgo. ¿Es tan difícil? Quizás si no se hubiera comenzado por tirar la casa por la ventana y tener que pedir un dinero que no se iba a poder pagar, no habría que hablar ahora de “los mercados”. Estamos ni más ni menos que ante la estrategia del calamar: La “tinta” de los mercados se lanza para ocultar el despilfarro de los políticos.
Cierto es que la crisis ha puesto algo en evidencia: Que una unión monetaria sin una unión política no funciona. Resulta gracioso que los mismos que rechazan recibir órdenes desde Bruselas o desde Berlín tienen menos escrúpulos en recibirlas de sus aliados nacionalistas, por ejemplo desde Barcelona: No olvidemos que gran parte de la deuda española la provocan las Comunidades a las que no se ha querido poner coto y, además, los dos grandes partidos insisten en que no es necesario revisar una ley electoral que otorga a los nacionalistas un poder que no se corresponde con el número de votos.
Se trata ahora de criticar los previsibles recortes como si YA se hubieran hecho y ésa es otra de las mentiras: Anunciar y no hacer y, después, actuar como si ya se hubiera hecho. ¿Son admisibles los privilegios, los despilfarros y la corrupción de políticos y sindicalistas, valga la redundancia, en un país con cinco millones de parados y con buena parte de ellos a los que se les va a acabar en poco tiempo la prestación de desempleo? Sin duda, hay muchas cosas que cambiar y, entre ellas, una de las más importantes puede ser romper una idea muy extendida entre la clase política según la cual su conducta parasitaria es una especie de derecho divino.
Si se quiere salir de la situación, en vez de echarle la culpa al empedrado y buscar culpables fuera, no estaría de más que cada uno asumiera la responsabilidad por sus actos y que la ley fuera igual para todos. ¿Es mucho pedir? Parece que sí y así nos va.
@UPyD y la trampa de la ley electoral
En menos de una semana tenemos unas elecciones donde es previsible un cambio de gobierno e incluso las encuestas anticipan una mayoría absoluta del principal partido de la aún hoy oposición. Pasa bastante desapercibido, con la inexcusable complicidad de los principales medios de comunicación, un partido nacional que hoy tiene una única diputada y al que mucha gente tiene aprecio aunque vaya a votar a otro.
Con su líder y única diputada, Rosa Díez, podría ocurrir que el día 21 diga lo mismo que, en su día, dijo Adolfo Suárez: Ojalá me quisieran menos y me votasen más. Sin embargo, la lógica del voto útil gracias a una ley electoral injusta que ha sido su principal caballo de batalla va a imponer unos resultados que es de esperar no se desvíen demasiado de lo que anuncian las encuestas.
El principal beneficiado, si se producen los resultados esperables, Mariano Rajoy haría bien en no echar las campanas al vuelo: En primer lugar, su partido ha ganado sólo unas elecciones generales. Aunque me gusta citar el hay tres clases de personas: Las que saben contar y las que no de Homer Simpson no es que se me haya olvidado contar: En 1996 Aznar no ganó unas elecciones sino que se había extendido la necesidad de echar a un gobierno corrupto hasta las cejas; en 2000, tras cuatro años de gobierno ganó unas elecciones con mayoría absoluta y en 2008 las volverá a ganar por un motivo parecido al de 1996: Incluso entre los afines al PSOE puede haberse extendido la idea de que es necesario echar a un gobierno descerebrado…y que también se ha movido lo suyo en el terreno de la corrupción. En otras palabras, Rajoy sólo va a ganar unas elecciones por la urgencia extendida por toda la sociedad española de echar a Zapatero o a cualquier sucedáneo que puedan poner a la cabeza de la lista electoral. Eso no debe ocultar que mucha de la gente que va a votar a Rajoy lo va a hacer sin el menor entusiasmo y con una buena carga de desconfianza.
Ayer mismo, UPyD publicaba inocentemente unos datos que mostraban la injusticia de la ley electoral. Sin embargo, la conclusión que podía extraer cualquier lector era que, salvo que estuviera en una gran población, votar a UPyD era lo mismo que tirar el voto a la basura y, con toda lógica, podría optar por la abstención o por la opción menos mala. La única esperanza, y no son tantos, es la compuesta por los votantes fieles al PSOE y desencantados que en ningún caso van a votar al PP pero que tampoco van a votar a este PSOE. De los demás podrá conseguir simpatía pero no votos. El efecto de la ley electoral que denuncian y la búsqueda del voto útil en un momento en que muchos electores quieren sobre todo echar a los actuales gobernantes así lo impone.
Creo que no se le pueden augurar buenos resultados a UPyD entendiendo por “buenos” no sólo duplicar o triplicar sus resultados en número de diputados sino, por ejemplo, poder constituir un grupo parlamentario propio. Eso tampoco significa que el día 21 su recorrido se haya acabado: La ley electoral fue un apaño entre los grandes partidos que esperaban poder repartirse el poder con la ayuda de los nacionalistas. No cayeron en la cuenta de que los nacionalistas, por el simple hecho de serlo, necesitan estar permanentemente descontentos y pedir más y ahora están sometidos a un chantaje permanente. Hace pocos días, le preguntaron a Rajoy si cambiaría la ley electoral y dijo que no lo veía prioritario porque la actual era un acuerdo entre los partidos. Como las manifestaciones y los silencios de Rajoy están muy sujetos a los análisis electorales de Arriola -el artífice del “éxito” de 1993- eso podría cambiar si hay una auténtica presión dirigida por los dos partidos nacionales más perjudicados por la ley actual: UPyD e IU. Articular esa presión podría ser el papel más importante de ambos partidos en la próxima legislatura. El siguiente podría ser intentar poner algunos principios básicos en la jaula de grillos que nos espera:
Antes de estar Zapatero en el gobierno, con cuestiones como el Prestige y la guerra de Irak, Zapatero decía que la democracia estaba en la calle. Cuando él estuvo en el gobierno y empezaron a producirse decisiones muy discutibles, la democracia dejó de estar en la calle para estar en el Parlamento…o sea, que la democracia estaba siempre donde estaba él, modelo de pensamiento que tiene un calificativo que les gusta mucho aplicar a sus contrarios. En este momento, nos encontramos con una preparación del terreno para que “la democracia vuelva a estar en la calle”, no sólo el consentimiento de acciones ilegales por los autodenominados “indignados” sino sentencias del Tribunal Constitucional que permiten los piquetes violentos justificándolos por el “contexto”…
No sabemos como manejará Rajoy ese entorno pero, hasta el momento, nada de lo hecho avala capacidad alguna para moverse en esas aguas turbulentas porque jamás ha hecho un discurso de principios sino de tácticas. Eso es precisamente lo que sí ha aportado UPyD, prescindiendo de la procedencia de sus miembros más significados y en particular su propia presidenta y eso es lo que va a ser más necesario en la etapa que nos espera.
Sería deseable que UPyD, que funciona más como una plataforma ciudadana que como un partido, dejase de ser un Pepito Grillo necesario porque sus objetivos de regeneración se hubieran cumplido y, como consecuencia, desapareciese del mapa político y cada uno de sus componentes que quisiera seguir marchase al partido de su preferencia pero, antes de que eso ocurra, hay muchos sitios donde barrer incluyendo de forma muy especial a los propios partidos.



